Todos somos migrantes digitales
La pandemia y la migración al mundo digital
El virus conocido como COVID-19 que se inició en diciembre de 2019, en la ciudad de Wuhan, China, nos llevó o arrastró a l mundo virtual.
La pandemia, declarada así por la Organización Mundial de la Salud, conspiró contra la presencialidad y la cercanía, puesto que las características de la enfermedad se orientan precisamente a un contagio exponencial por vías respiratorias y las manos.
Volviendo al tema de la migración forzosa, quizá en lugar de ver lo negativo podamos -buscando un necesario optimismo dentro de lo que cabe- valorar el enorme esfuerzo que han hecho docentes y estudiantes para continuar con el proceso de enseñar y aprender. Precisamente, la pandemia, visibiliza a través de las pantallas muchas situaciones:
- El profesor entró a la casa;
- El padre de familia reconoce la labor docente;
- Se vivencian las situaciones personales, económicas, familiares y sociales que obstaculizan la formación integral del estudiante;
- La necesidad de formación docente en competencia digital;
- La armonización necesaria del engranaje pedagógico y tecnológico, etc.
Y no pretendo presentar un escenario negro, sino, más bien, rescatar que con esfuerzo, creatividad y ganas de salir adelante, se están dando los pasos para repensar la educación.
Esta nueva normalidad, que son, apropósito, dos palabras que no me agradan porque su significado y peso son muy fuertes, plantea enormes desafíos.
Apostamos a que los organismos rectores de la educación y los directivos institucionales aborden este tema tan importante como una respuesta a la necesidad del siglo XXI y no, a una demanda emergente.
El virus conocido como COVID-19 que se inició en diciembre de 2019, en la ciudad de Wuhan, China, nos llevó o arrastró a l mundo virtual.
La pandemia, declarada así por la Organización Mundial de la Salud, conspiró contra la presencialidad y la cercanía, puesto que las características de la enfermedad se orientan precisamente a un contagio exponencial por vías respiratorias y las manos.
Volviendo al tema de la migración forzosa, quizá en lugar de ver lo negativo podamos -buscando un necesario optimismo dentro de lo que cabe- valorar el enorme esfuerzo que han hecho docentes y estudiantes para continuar con el proceso de enseñar y aprender. Precisamente, la pandemia, visibiliza a través de las pantallas muchas situaciones:
- El profesor entró a la casa;
- El padre de familia reconoce la labor docente;
- Se vivencian las situaciones personales, económicas, familiares y sociales que obstaculizan la formación integral del estudiante;
- La necesidad de formación docente en competencia digital;
- La armonización necesaria del engranaje pedagógico y tecnológico, etc.
Y no pretendo presentar un escenario negro, sino, más bien, rescatar que con esfuerzo, creatividad y ganas de salir adelante, se están dando los pasos para repensar la educación.
Esta nueva normalidad, que son, apropósito, dos palabras que no me agradan porque su significado y peso son muy fuertes, plantea enormes desafíos.
Apostamos a que los organismos rectores de la educación y los directivos institucionales aborden este tema tan importante como una respuesta a la necesidad del siglo XXI y no, a una demanda emergente.
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